dimecres, d’abril 01, 2009

Las formas del libro

Ya ha salido a la venta el número 305 de la revista Quimera. En el mes del Día del libro, incluye el dossier "Las formas del libro", que nació gracias a la última edición de Kosmópolis.

Colaboran en el dossier: Joan-Elies Adell, Laura Borràs, Albert Ferré, Damià Gallardo, F.Xavier Llopis Bauset, Joaquín Rodríguez y Jaime Salazar.
Un fragmento de la introducción:

Kosmopolis es un acontecimiento literario de primer orden que en cada edición nos obliga a realizar un gran esfuerzo de búsqueda y selección bibliográfica, ya que las actividades aspiran a reflejar la complejidad de la creación literaria contemporánea. Por esta razón se dan cita figuras consagradas de la literatura universal junto a propuestas más experimentales, de la poesía fonética a la creación colectiva a través de internet, entre otras muchas. En la edición de 2008, además, presentábamos la colaboración entre Laie y el Premio Ciudad de Vinaroz de Literatura Digital, para lo cual encargamos ejemplares de las publicaciones más relevantes que habían aparecido recientemente sobre este tema y sus siempre difusos contornos. Pocos días antes de la inauguración tuvimos, sin embargo, que retirar buena parte la bibliografía de importación porque se estaba vendiendo mucho más rápidamente de lo que habíamos previsto. La intención era salvar algunos títulos para, al menos durante el primer día de Kosmópolis, mostrar la gran diversidad de libros que abordan la relación entre literatura y tecnología. Parece una paradoja que un ámbito como el de la literatura digital, que se lee o navega en pantalla, que cuenta con centenares de obras y de estudios de acceso gratuito en internet —basta con dar un paseo por Hermeneia para percibir su expansión en todo el mundo— suscite, sin embargo, la necesidad de comprar libros de papel.

La experiencia en la librería nos venía avisando de que no hay tal paradoja, de que las lecturas en pantalla y en papel no son incompatibles, que cada una exige una determinada competencia lectora y ofrece formas diferentes de acceder al conocimiento. Rodeados como estamos de universidades y escuelas de diseño, o de librerías especializadas que nos estimulan a mejorar cada día en nuestro oficio, no resulta difícil percibir que los clientes, en su mayoría jóvenes que están habituados a navegar a través de las innovaciones tecnológicas —ya sea por razones académicas, laborales o de ocio—, buscan en el libro de papel una experiencia diferente a la de la lectura en pantalla. Y no sólo por placer, ya que de la capacidad de acceder a la información dependen también el rendimiento laboral y el académico.